DISCRESIÓN
21:44
Sera porque
los artistas somos los únicos hombres dignos de las mujeres, ya que todos
tenemos algo de mujer, salvo en el caso de ser artista mujer, por supuesto.
EL HOMBRE QUE HABLABA DE OCTAVIA DE CADIZ
Hay
decisiones que únicamente se toman para exaltar la duda.
TANTAS VECES PEDRO
ALFREDO
BRYCE ECHENIQUE
Me sirve otro por favor. Levante la mano mostrando mi
vaso casi vació, el tipo de la barra me respondió complaciente, llenó el vaso
hasta la mitad y lo que quedaba se completó con hielo que en algún momento fueron cubitos, pero para lo
que están cumplen con su objetivo.
Me gusta el wiski helado y cuando pasa por mi garganta
deja una estale amarga pero placentera, me gustan los zapatos altos y las
faldas cortas, me gusta mi cabello sedoso y mis manos, mis estilizados dedos
coronados con uñas casi translucidas. Pero cuando los hombres me miran no sé cómo
sentirme, porque sé que soy hermosa y ellos también lo saben, aunque hay cosas
que solo cada uno sabe y es mejor que se queden ahí, con nosotros y nadie más,
eso que solo se queda en nosotros a veces me da miedo y me hace dudar.
No puedo evitar seguirlos con la mirada cuando me los
cruzo en todas partes, incluso ahora mismo, me he podido dar cuenta, al pedir más
alcohol la mirada del hombre del bar no iba dirigida a mis ojos, sino un poco más
abajo, aun no me logro acostumbrar a esas miradas sin disimulo que ahora
siempre están.
No tengo muchos amigos, en realidad no los tengo,
porque fue mi decisión que esto fuera así, algunas muy pocas veces, al llegar a
mi piso suelo saludar a la casera, que además he escuchado que rumorea con los
demás vecinos que le parece muy raro que viva sola y que nadie nunca me venga a
visitar.
Me gustaría hablar con alguien, conocer a alguien y
quisiera que sea una mujer, pero aún no he encontrado a alguien. Hoy, Salí por
eso, no crean que antes no salía de fiesta, hace algún tiempo no lo hago y no volvería
a esos lugares que solía frecuentar, no puedo regresar a esos lugares.
Desde que entre a este bar, no puedo negar que me he
sentido cómoda, pero lo que no me deja tranquila son las miradas, ahora puedo
asegurar que las llego a sentir, cobran un
sentido físico, las puedo sentir, son como brazos, manos, incluso dedos,
creerán que estoy loca y ¡no!, solo que aún no lo puedo manejar.
Recuerdo cuando salía con mis “amigos” hace mucho
tiempo, todos ellos hombres, machos sin lugar a dudas; recuerdo como solían
hablar de las mujeres, como las describían, lograban ser muy gráficos con pocas
palabras, no era algo que me incomodara pero tampoco me gustaba, menciono esto
porque es lo que ahora siento cuando me ven, no los logro escuchar pero puedo intuir que es lo que dicen por los
gestos que hacen, lo puedo leer en sus ojos, en sus labios, hasta en la forma
que mueven sus manos. No hay vuelta atrás yo decidí esto.
El tipo que está sentado a dos bancas a la derecha de mí,
me ha estado mirando desde hace un rato y sé que me quiere invitar a tomar
algo, no podría asegurar que es un mal hombre, además es calvo y se le ve
interesante. A mi edad y por todo lo que me ha tocado vivir puedo asegurar que todas
las personas pueden ser acreedoras de bondad y nobleza pero también a todo acto
de perfidia y traición.
Después de mi segundo trago, siento que aún no ha
hecho algún efecto en mí el alcohol, pero necesito ir a los servicios. Busco
con la mirada donde están los servicios, al encontrarlos me dirijo rápidamente
hacia ellos, otra vez siento todas esas miradas casi tocándome y puedo asegurar
que ahora ninguna hace el menor esfuerzo por disimularlo, me detengo antes de
entrar y volteo a increpar a todos con la mirada, estos ni se inmutan y
continúan naturalmente, muy avergonzada corro hacia la otra puerta. Me han
estado viendo porque iba a entrar al servicio de caballeros.
No me puedo imaginar que hubiera hecho si me hubieran
visto ahí dentro. Ahora estoy a salvo aquí, solo con mujeres, ahora recuerdo
aquel lejano atisbo de lujuria que intente que despierten en mi alguna fémina,
esta pobre mujer fue víctima de mis más absurdos intentos por reivindicarme,
según mi familia, mas ahora solo me parece un mal sueño.
Al salir del servicio veo a ese hombre de cabeza
reluciente, parado en mi lugar frente a la barra, me detiene con la mano antes
que tome asiento y amablemente me invita un trago, el que estaba tomando antes,
con lo cual podría confirmar que si me estuvo viendo con detenimiento
anteriormente. No encuentro porque negarlo y acepto su compañía.
Su cortejo no
me desagrada, pero tampoco encuentro que sea un tipo con muchas luces, me
invita un trago más, puedo notar el esfuerzo que hace para impresionarme y
realmente se ve muy patético, tengo muchas ganas de decírselo ahora, pero creo
que quedaría muy mal.
Nunca sentí esa presión por invitar a salir a alguna
chica y en el proceso hacer cualquier maroma o pirueta para que esta acceda o
al menos le pueda robar una sonrisa y se ría de mí, siempre lo encontré
ridículo, como hacer saber a los hombres que no es necesario hacer de payaso
para simpatizar con una chica.
Siento a este tipo invasivo, por la cantidad de
preguntas que me hace, pero también sé que como todos los hombres, solo intenta
ser simpático. Me invita para que lo acompañe a otro lugar, no encuentro que
sea un mal tipo pero tampoco lo contrario y no sé cómo decirle que no. Ya se
encuentra de pie y me tiende la mano para que yo también lo haga, agacho la
mirada y me digo solo para mí, “peor es
regresar sola”.
Camino con garbo hacia la puerta, a lado de mi nuevo
“amigo”. Al salir vuelvo la mirada para ver en que bar conocí a este “amigo” e
insinuando casi vergonzosamente lo cómico de la vida, acabo de salir del
“REFUGIO DE PECADORES”, sonrió concienzudamente y solo ahora caminando con este
tipo puede entender lo difícil que es ser mujer, pero es aún más difícil ser mujer
siendo hombre.
0 comentarios